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¿A Quien vas a Servir? (Pastor Alejandro Roncancio)

Mateo 23:26 “¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio”.

¿Eres de los muchos que hacen propósitos para cada año que comienza? ¿Has elaborado una lista de propósitos y metas? ¿También eres de los que revisan las cosas que has hecho bien y las cosas que has hecho mal? ¿Eres de los que analizan todo lo que viene por delante y para tal fin, elaboras planes, presupuestos y estrategias? ¿Cuántos de nosotros hemos fallado en un propósito o meta propuesta? Tal vez empezamos muy bien en el propósito y la meta trazada, pero rápidamente nos damos cuenta que es fácil caer de nuevo en nuestras viejas costumbres. 

¿Quieres saber por qué no nos mantenernos firmes en los propósitos y metas que nos trazamos?. Porque siempre nos gusta comenzar por las ramas en vez de ir a la raíz; Si decidimos cambiar los frutos que son las metas, los compromisos y los propósitos en vez de cambiar la raíz que a lo mejor está enferma, vamos a seguir produciendo los mismos frutos de siempre. 

El problema fundamental radica en que cambiamos comportamientos externos, pero si el corazón sigue enfermo, con el tiempo volveremos a tener malos comportamientos, y esa fue una de las más fuertes críticas que Jesús le lanzó a los fariseos.

Una de las acusaciones más fuertes contra ellos se encuentra en Mateo 23:26 “¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio limpio”, por esto Jesús llama nuestra atención, para que nosotros pongamos en orden nuestro corazón, nuestro interior, antes de preocuparnos por nuestros comportamientos.

Tú y yo podemos hacer vidas organizadas, bien vestidos, bien preparados intelectualmente bien vistos, pero si tu corazón está lejos de Dios todo es en vano, el apóstol Pablo se percató de esto y oraba constantemente por la iglesia de Éfesos, Efesios  3:14-19 “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios”, ya que esta oración toca lo más profundo del corazón.

Nosotros necesitamos un nuevo corazón, un corazón renovado por el poder de Dios para poder cumplir los propósitos y metas que nos hemos trazado, porque solo Dios puede lograr el verdadero cambio que perdura. 

Quiero que vayamos al libro de Josué, el cual narra la historia de cómo Dios cumplió la promesa de dar la Tierra prometida a Israel, al pueblo que salió de Egipto liderado por Moisés. El pueblo de Israel se encontraba en Canaán, liderados por Josué. Canaan una tierra habitada por pueblos idólatras, los cuales tenían que ser desalojados y destruidos por Josué y su ejército israelita.

Una parte de este libro narra todas las batallas que enfrentó Israel contra esos pueblos para poder poseer la Tierra prometida, muchas de ellas fueron milagrosas; cada una de esas victorias contra esos pueblos nos enseñan que no dependían de su fuerza ni de su ejército, ni de la estrategia militar, sino solamente del poder y de la fidelidad de Dios. 

El libro de Josué cierra con 3 discursos que se encuentran en los capítulos 22, 23 y 24, pero yo me quiero referir al discurso proferido por Josué en el capítulo 24 justo antes que el pueblo se estableciera en la Tierra: Josué reúne al pueblo para darles instrucciones finales antes de su partida, Israel estaba en una nueva etapa de sus vidas y tenían que tomar una decisión, y tal vez es la decisión que tú y yo tenemos que tomar hoy y es muy importante, “Escoge hoy a quién vas a servir” y colócala como línea principal en tus metas y en tus propósitos; piense por un momento cuáles son tus anhelos, deseos, propósitos y metas, porque ahí es donde está tu corazón, el Señor te está invitando a que quites todo lo superficial de tu vida, que fijes tu mirada en él y que renueves tu compromiso con el Señor.

Miremos atentamente Josué 24:2-13 (No lo leemos por tiempo), porque allí revela todo lo que Dios hizo; Las maravillas, los hechos portentosos, los milagros y los prodigios, a pesar de la naturaleza del pueblo de Israel, si observamos bien, Josué no es el que habla ahí, aquí está hablando Dios, “Y yo tomé… y yo traje… y aumenté… y le di… y yo envié… y herí… y os saqué…, yo os introduje…, yo os entregué… “, 21 referencias personales de Dios,  prácticamente Dios fue el que habló, no Josué. 

Cuando nos damos cuenta de esto, vemos que nosotros por nosotros mismos no podemos hacer nada, es más, no podemos cumplir nada de lo que nos proponemos. 

La razón por la que Israel llegó a poseer la Tierra fue por la gracia soberana de Dios, la razón por la que tú estás aquí gozando del perdón y la vida eterna es por la gracia soberana de Dios, la razón por la cual esta iglesia existe es por la gracia soberana de Dios, todo lo que tú eres, todo lo que tú haces, todo lo que tú puedes esperar del futuro es por la gracia salvadora y soberana de Dios. 

El libro de Josué no trata de las batalla de Israel contra los cananeos, trata sobre las batallas y el plan de Dios a favor de su pueblo; tu vida no trata acerca de ti, no son tus planes, no es tu historia, no son tus logros y tus victorias, tu yo somos parte de la historia de Dios por lo tanto es lo que Dios quiere hacer en ti, está escrito en el libro de los Salmos 100:3 “Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado”, Romanos 14:7-8 “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí. Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos”, 1 Corintios 6:19-20 “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. ¿Si esto es verdad para ti, entonces cuál va a ser tu respuesta para Dios?¿Si haces memoria de donde te sacó Dios y todo lo que Dios ha hecho por ti durante todos estos años, cuál puede ser tu respuesta para Dios?.

Josué termina su discurso declarando al pueblo, Josué 24:14 “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová”, la respuesta para Dios debe ser esta, una vida entregada a Dios; sigamos con el discurso de Josué, Josué 24:15 «Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová”: Nosotros que hemos recibido más que el pueblo de Israel, una salvación tan grande a precio de la sangre de Cristo que murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida eterna, que tenemos el Espíritu Santo habitando en nosotros, transformando y guiando nuestras vidas, que tenemos la palabra de Dios completa y a nuestra disposición, que hemos sido adoptados por el padre, que hemos recibido todas las bendiciones espirituales, ¿podemos seguir aferrados a ídolos?. Mire lo que dice Colosense…