«Chivo Expiatorio»
1. Dejar de buscar culpables y asumir la responsabilidad personal
- La tendencia de culpar a otros: Es común culpar al gobierno, al entorno, a la iglesia o a Dios por nuestros problemas, una costumbre que viene desde el Edén (Génesis 3:12-13).
- Autoevaluación: Antes de señalar la paja en el ojo ajeno, la madurez espiritual nos exige sacar la viga de nuestro propio ojo (Mateo 7:3-5) y examinar nuestras propias obras (Gálatas 6:4-5).
2. El deber intransferible de los padres en el hogar
- Instrucción y crianza: La formación espiritual y moral de los hijos es responsabilidad de los padres (Deuteronomio 6:6-7, Efesios 6:4), no del colegio, los abuelos ni la iglesia.
- Consagrar el hogar (Chanak): De acuerdo con Proverbios 22:6 (RVR1960), «instruir» significa dedicar y consagrar solemnemente el hogar a Dios a través del tiempo en familia, la oración y la lectura bíblica.
- El ejemplo activo: La enseñanza más impactante se da con el ejemplo diario en lo privado (1 Corintios 11:1, Santiago 1:22, Lucas 6:45).
3. La ley inquebrantable de la siembra y la cosecha
- Lo que se siembra en casa es lo que se recoge: Según Gálatas 6:7-8 (RVR1960), no se puede sembrar maltrato, gritos o descuido y esperar paz o respeto de los hijos.
- Dios hace milagros, pero requiere nuestra parte: Las excusas no resuelven los problemas; Dios no hará lo que nos corresponde hacer a nosotros, como dedicarle tiempo de calidad a la familia.
4. El rol complementario de la iglesia
- Apoyo, no sustituto: La iglesia apoya, potencia y enseña la Palabra, pero no reemplaza el gobierno espiritual ni la siembra diaria que debe hacerse dentro de la casa (Proverbios 14:1, Josué 1:8).
Conclusion:
Es momento de dejar las excusas, dejar de buscar un «chivo expiatorio» y asumir el liderazgo espiritual del hogar. Con fe, oración, ejemplo y la promesa de Hechos 16:31 (RVR1960) («Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa»), la restauración familiar empieza por la decisión diaria de rendir el corazón ante Dios.

